viernes, 26 de junio de 2009

El eslabón perdido

Uno de los objetivos y grandes retos a los que se enfrenta la comunidad científica es el hallazgo del llamado eslabón perdido o ancestro común de los distintos grupos de homínidos, entre los que se encuentra el hombre. Cada día, nuevos hallazgos nos acercan al punto de inflexión en el que comenzamos nuestra particular historia como especie.

Sin embargo, desde Pezones de Acero podemos afirmar rotundamente que no llegará el día en el que se descubra tal nexo común entre especies. ¿Por qué? Error de base: están buscando en la dirección equivocada. Siempre se espera encontrar a una especie de chimpancé, un poco más erecto (y erguido) usando algún tipo de herramienta. Por añadir algo más, no entendemos la manía que tienen siempre, en las recreciones de los primeros homos, de ponerlos tan enfadados. ¿Descuidaban la fibra en su dieta? ¿Nunca tenían un buen día?

En fin, retomando nuestro tema, decíamos que están buscando en la dirección equivocada. ¿Qué deberían buscar? La respuesta es simple aunque nadie haya advertido en ella. Deben comenzar a buscar en el rasgo distintivo que de verdad separa a hombres de monos. Analizando bien la fisionomía humana y comparándola con la del resto de nuestros amigos primates podemos darnos cuenta de que éstos últimos no tienen bigote. Remarcamos: los monos no tienen bigote, por tanto, el eslabón perdido será este primer simio que sí lo tenía.

Y ahora nos surgen multitud de nuevas preguntas, entre ellas por qué este rasgo, y no otro, fue el que marcó la separación de nuestra especie del resto. Lo primero que nos vendría a la cabeza sería pensar: ¿en qué momento un gen decidió mutar para poner una fina hilera de pelo entre el labio superior y la nariz? ¿Por qué por ahí y no por encima de la misma, por ejemplo? Porque utilidad, lo que se dice utilidad, no debe tener tanta para la supervivencia y supremacía de la especie cuando tan sólo los hombres y algunas mujeres lo tienen. ¿Acaso es que así la comida está más calentita y eso hace que asimilemos mejor algunos grupos de proteínas? Claramente no, no sirve absolutamente para nada.

Por tanto sólo nos queda una respuesta de por qué este cambio evolutivo fue predominante y significó el inicio en nuestra evolución particular: selección natural. Es natural pensar que una hembra de esta especie primigenia (llamémosla Homo Moustachis) elegiría mil veces antes como pareja reproductora a un Tom Selleck, a un Clark Gable o a un Vicente del Bosque, desbordando vigor y sensualidad, sentados en la roca atusándose el bigote, que a un mindundi imberbe. Así, de esta manera, nuestra especie se distinguió del resto de homínidos hasta nuestros días.

Para terminar y facilitar la labor de los miles de investigadores y científicos que trabajan en pos de encontrar el citado eslabón perdido, les dejamos con unas cuantas reconstrucciones de lo que podría ser nuestro Homo Moustachis.





5 comentarios:

Burgomaestre dijo...

Yo también elegía a Tom Selleck sin pensarlo.

Por cierto, yo buscaría al eslabón perdido en Portugal.

danibishop dijo...

¿Por qué está Copito cantando un fandango? ¿O es que también descuida la fibra en su dieta?

MIGUELÓN dijo...

Los grandes humoristas de la historia, como Aznar, Groucho y Chaplin, tienen mostacho.

Además, le veo muchas utilidades, como seleccionar entre una tía que pincha cuando se arrima y otra que no, o entre Gimli y Legolás

Paco García dijo...

Dios santo, me ha dado un ataque de risa en el trabajo, y he tenido que explicarle a un alemán en inglés por qué estaba llorando de risa. Creo que no ha entendido nada, y simplemente se cree que me río de fotos de monos con bigote. xD

PaDi dijo...

@Paco García:

Jajajaja

Lo que le ha pasado al alemán es que le ha dado envidia de los rudos bigotes que se ven por tierras españolas y portuguesas...

PD: Los monos con bigote no sé si serán graciosos, pero hay que reconocer que tienen atractivo...